domingo, 30 de agosto de 2015

arDE

Lo que sucede, sucede. Estamos unidos o separados, estamos preguntando, estamos siendo parte. Estoy preguntándome, estoy entendiendo. Dejo que el cuerpo, desde las manos, pida o demande lo que quiere. Y siempre así, siempre el verbo es yo deseo. Deseo tantas cosas que el eco es imposible, el eco no se jacta del sonido primero. Lo que me gusta de vos, o lo que me genera comodidad, es lo incomodo de la existencialidad. Yo te de-se-o. Con vos, es la frustración o la nada. El sentimiento ferreo o la nada. Porque siempre la inteligencia a la hora de sentir se queda entre los pulmones. Sin aliento la carencia esta en cada despedida, en cada agosto que termina para empezar septiembre. Y con septiembre vienen todas las fisuras que duelen por la humedad. En septiembre, la primavera no me da alegría sino confusion. La confusion que me mezcla el corazón con sin sentido. Y no se si el sentido me da placer o más dolor. Y quizás en este amor extraño solo busco alguien que me entienda, que comparta cada lado convexo, cada arrua de llorar, cada escama salida por el dolor mismo de ver que la existencia no es infinita. Alguien que pueda sentir estar en el camino anegado, cerca de las estrellas intermitentes. Alguien para abrazar el día que todo se apaga. Te deseo, te protejo. Te devuelvo, los días que puedo, un reflejo mejor.